Mate en Lhasa

Por Zhuo Shili

Hijo de chinos, argentino nacido en China, llevé mi equipo de mate en mi reciente viaje a la Región Autónoma del Tibet. Llené el termo con agua caliente, metí yerba en el mate y lo cebé. Estaba muy bien y el gustito de todos los días me devolvió el alma al cuerpo. El tema fue cuando quise compartirlo…

¿Cómo los convencés que está bien compartir la bombilla? No podía y tenían razón. A ninguno le pareció higiénico. Pero ¿no es lo mismo compartir un 火锅 (huǒguō, caldero chino mongol) o comer entre varios de un mismo plato de salteado? 

Olvidate, el tema no se discute. La higiene es una cosa y los usos higiénicos de la idiosincrasia es otra, algo selectivo e irracional. 

“Estos occidentales, ¡hasta besan a sus perros y gatos!” me cuentan. Hay un abanico de contestaciones, pero te garantizo que ganar la discusión no hará que vendas el mate. 

En las cercanías del Templo de Jokhang (ཇོ་ཁང) tuve el placer de conocer a un vendedor de té, nacido en la provincia de Henan y criado en Tibet. Era el anteúltimo día en Lhasa antes de volver a Beijing, esos días en que uno los dedica a comprar souvenirs. El señor a quien le compré tés por un valor de 2000 reminbí (unos 300 dólares) accedió a experimentar el mate. No sé qué es lo que los expertos en hierbas buscan, pero después de probarlo, sintió que me tenía que hacer probar lo más amargo que tenía en su repertorio. Digamos que hoy soy una persona más humilde gracias a él.

Enfermarse en Tibet no es divertido. Una gripe a 3656 metros sobre el nivel del mar no es sólo una gripe. Se recomienda inclusive no bañarse en los primeros días después de llegar para evitar un resfrío. 

Si sos de afuera y terminás en una guardia en Lhasa por la razón que sea, es muy probable que el médico te manden volver en el primer avión. 

El que me atendió me preguntó de dónde venía y dije “buènòsīàilìsī”, donde todo el mundo se da besos. Ese tema dio para parlamentar dos horas, hasta que concluimos que una de las características fundamentales de la práctica de higiene en China es, paradójicamente, no tanto el distanciamiento social, sino el distanciamiento bucal. 

En Argentina pareciera que la costumbre del saludo y el hábito de mostrar afecto triunfa sobre el distanciamiento bucal, mientras se observa un mayor respeto por los espacios personales.

Mate en Lhasa queda bien. Hay algo de rusticidad en ambos que coinciden para traerte un sentir de aventura. 

¿Tomaste mate en Bolivia? Yo no, pero en el Tibet imaginé que en Bolivia sentiría lo mismo que allí. 

Una atmósfera semejante a la andina le puso un gusto de familiaridad al ritual del mate.

Publicado por Hernán Terrizzano

Especialista en tecnologías de la información, ornitólogo aficionado, fotógrafo. Apasionado por China y su cultura.

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