Carta a la comunidad china en Argentina por el 24 de marzo

Soy un argentino descendiente de cantoneses que nació veinte años antes de que la inmigración china estableciera una comunidad en nuestro país. Como adolescente, fui testigo de la dictadura que los militares instauraron en 1976. Consciente de sus efectos criminales que siguen dañando a la sociedad Argentina, siento el compromiso de comunicarle a mis paisanos chinos qué fue lo que vi.

Queridos paisanos chinos en Argentina y descendientes:
Cuando uno está en otro país, se mantiene apartado de lo que siente que son los asuntos internos de ese país.
No se quiere meter.
Es lógico. Bastantes problemas tiene uno con su vida, haber dejado atrás la Patria donde nació, y tratar de instalarse en Argentina.
Más aún si uno es chino, acostumbrado a seguir lo que el Gobierno manda y por tanto siguiendo la tesitura de no inmiscuirse en los asuntos internos de otros países.
Pero Argentina también es nuestro país y poco a poco las cosas de este nuevo país se van metiendo en nuestra vida.
Si los precios suben, nos afecta. Los ladrones vienen a robarnos al supermercado. Los cortes de luz. Saqueos. Un corralito. No permiten la importación. Nuevas reglas para alquilar. Etcétera.
La Argentina se va metiendo en nuestras vidas, y mucho más en la de nuestros hijos.
Casi ninguno de nosotros estaba en este país en 1976 cuando fue instaurada una Dictadura Militar que duró en 1983. Muchos de ustedes ni siquiera había nacido.
Lo que pasó en esos años no está encerrado en esa época.
No se puede dar vuelta la página de la Historia sólo con decirlo.
Si metés un demonio dentro de una caja, aunque la cierres bien, no podrás dormir tranquilo.
Lo que pasó durante la Dictadura Militar sigue metiéndose en nuestras vidas, y como yo estaba aquí, siento la obligación de contarles a quienes aún no habían llegado qué fue lo que yo vi que sucedió y sigue sucediendo.
Hay un sistema económico que conecta a todo Occidente.
En ese sistema hay Dueños muy fuertes. Algunos permanecen, otros no, algunos quiebran, otros se fortalecen. Cambian.
Voy a llamarlos Buitres.
Los Buitres quieren siempre poseer más. Para ello utilizan gobiernos y fuerzas físicas: ejércitos, policías, asesinos a sueldo.
Durante el siglo XX vieron amenazadas sus posesiones por movimientos sociales en diferentes lugares del Mundo. Contraatacaron defendiendo sus propiedades y avanzando sobre las propiedades de los demás.
La forma en que hicieron eso en la zona de América Latina fue a través de golpes de Estado, planificados desde Estados Unidos y otros países centrales. Hicieron que los militares echaran a los gobiernos y tomaran control.
A eso se le llama Golpe de Estado y Dictadura Militar.
A los Buitres no les interesa la legalidad ni los derechos. Sólo les interesa poseer más.
En Argentina, supieron aprovechar un momento político desastroso. Así, casi todos los argentinos estaban contentos con la Dictadura Militar, porque terminaba con un gobierno que le complicaba la vida a todos.
El Gobierno de los militares resultó peor. Fue mucho más corrupto y utilizó todas las fuerzas militares y de seguridad para torturar, robar y matar sin límites.
La economía terminó siendo peor para la gente.
Pero terminó siendo muy buena para los Buitres.
Los militares impusieron el terror.
Por ejemplo, teníamos miedo de todo cuando nos enterábamos de que nuestro dentista, su esposa y sus tres hijos habían sido secuestrados por soldados, y pasaban los días y no sabíamos qué pasó con ellos.
Con todo el mundo aterrorizado y amenazado por el propio Gobierno, los Buitres controlaron y cambiaron la economía, haciendo que Argentina se endeudara mucho más de lo que podía pagar, y abriéndola a la importación barata de productos que se fabricaban acá (las fábricas cerraban porque no podían competir).
El resultado es que los Buitres se apropiaron de una parte mayor de Argentina de la que ya poseían, y sobre todo, instalaron un sistema que les permitía ir apropiándose cada vez más.
Dije que la Dictadura Militar de 1976 continúa metiéndose en nuestras vidas, porque desde entonces cada vez más el dinero que producen los argentinos es tomado por los Buitres.
Eso continúa hoy.
Fue ilegal entre 1976 y 1983, y desde entonces es legal, pero continúa.
Hay Buitres argentinos.
Los militares dieron el golpe de Estado mandados también por los Buitres argentinos —muchos militares, además, eran Buitres.
Por eso ustedes escucharon hablar de “Golpe Cívico-Militar”.
Los militares no actuaron por iniciativa propia, sino por un plan de Buitres de afuera y de adentro. Muchos empresarios argentinos promovieron la Dictadura Militar para beneficiarse, en aquel momento y con el plan que los militares instalarían.
O sea, muchos Buitres argentinos siguen beneficiándose, 40 años después.
Y ese beneficio es a costa del trabajo y de la vida de los demás.
Incluidos el trabajo y la vida de los chinos que viven en Argentina y sus descendientes.
Finalmente, la Dictadura Militar también fue posible porque los argentinos la apoyaron.
Como dije, la apoyaron porque significó el final de un momento político insoportable.
Pero también la apoyaron por otros motivos.
Por ejemplo, la apoyaron porque en cada argentino hay, más grande o más chico, un entusiasmo por el autoritarismo. Es el amor a los fuertes violentos.
También la apoyaron porque se sentían más parte del Primer Mundo. Con un dólar barato los argentinos estaban felices de ir de compras a Miami. Es el amor a sentirnos superiores.
Esos son sólo dos entre otros motivos que hicieron que la gran mayoría de los argentinos apoyara la Dictadura Militar.
Y creo que esos dos amores y otros motivos continúan y siguen mandando sobre nuestras vidas.
La Dictadura Militar terminó en 1983, pero los motivos que la instalaron y sus consecuencias siguen vivos, y no fueron ni son cuestionados por la mayoría de los argentinos.
Funcionaron 340 centros clandestinos de detención, donde se torturaba y mataba a los detenidos.
Cerca de 900 represores fueron enjuiciados, de los cuales 600 fueron condenados.
Cientos no pudieron ser acusados.
Los militares se apropiaron de medio millar de niños, de los cuales 130 han sido restituidos a sus familias por los organismos de derechos humanos.
La deuda externa pasó de 7.000 a 44.000 millones de dólares.
Se cerraron 20.000 fábricas.
Con esta carta estoy cumpliendo con mi compromiso de hacer algo porque nuestras vidas, las vidas de chinos en Argentina, y la de nuestros hijos sea mejor.

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