La guerra sin pólvora

Millennial total, la fujianesa Lily vino ya adolescente a la Argentina y valora su cultura, la amistad, los cafés, lo bueno de sus universidades. Antes de que el virus cambiara todo, se sorprendía por la cantidad de besos que nos dábamos. 

Por Florencia Sartori y Lucía Argenchina 

Lily nació en 2001 en la ciudad de Fuqing (福清), provincia de Fujian (福建), al sureste de China. Llegó a Buenos Aires adolescente y remó a pura sonrisa. A modo de precalentamiento, le preguntamos si cree que la frase “ya fue” se parece a wusuowei (无所谓), dice que puede ser, y que también a buguanle (不管了). “Cualquiera” a suibian (随便), y todo el tiempo dice “dale”. No es poca cosa encontrar equivalentes en la lengua para alguien de quince años. La entrevistamos por chat, nos quedamos en casa. 

– ¿Cómo recordás el viaje a Argentina?

– Me acuerdo que cuando viajé a Argentina era verano en China pero aquí era al revés. Fue mi primer viaje internacional, estaba contenta y curiosa sobre lo que iba a suceder. El tiempo de vuelo es larguísimo, lo único que me costó fue el mareo por el largo viaje en avión. 

– ¿Qué te parece interesante de acá y que extrañás de allá?

Me parece muy interesante el ambiente cultural de acá, hay muchas personas que vienen de diferentes países y todos son muy amables y conversadores. El ritmo de vida es más lento en Argentina. Las personas son muy de darte besos, cuando saludás a otros te das un beso, y además también hay beso de despedida. La cultura y la historia son completamente diferentes de China, eso se manifiesta a través del estilo de la arquitectura, y también en los hábitos alimenticios. 

– ¿Cómo fue tu adaptación a la escuela?

– Fue muy difícil al principio, porque no entendía nada de español. Es un idioma completamente diferente del chino. Por suerte, en ese momento no estaba sola, pude estudiar junto con mi compañera y avanzamos juntas. No quiero mentir, para la gente que no habla español, el primer año en la escuela cuesta mucho. La única herramienta que me ayudaba a comunicarme y estudiar era la aplicación de traductor del celular. De eso doy gracias al desarrollo tecnológico que tenemos hoy en día. Igual en el colegio los profesores y los compañeros me ayudaron muchísimo durante este proceso. Entendieron las dificultades y siempre fueron cariñosos al responderme cuando tenía algunas dudas. No me costaron todas las materias del colegio, algunas sí como literatura y cívica, pero otras no.

– ¿Qué más hacés además de estudiar e ir a la escuela?

– Antes de entrar al colegio, yo había tomado clases de español por un tiempo. Pero una vez que entré me di cuenta de que estudiar en la escuela directamente es más efectivo para aprender español que tomar clases individuales. Aparte del estudio, la mayoría del tiempo lo paso con mi familia, a veces salgo con mis amigas al shopping o a alguna cafetería, visitamos lugares famosos de Argentina. Al mismo tiempo, trato de dibujar o pintar en casa. 

– ¿Cómo es un año en tu vida? ¿Estudiás, viajas?

– Este año lo pasé muy tranquila, todavía en el camino de aprender más español, pero ya no con mucha dificultad y estrés en el estudio. Viajé a EEUU, fue muy lindo y divertido, aprecié otra vez una cultura e historia diferentes.

– ¿Qué diferencias encontrás entre la escuela china y la argentina? ¿Y entre la sociedad, la gente?

– Hay muchas diferencias entre las escuelas. Generalmente la escuela argentina es más libre, ya que no hay muchas reglas escolares para los alumnos. El ritmo de la escuela china es más intenso, y las materias son más difíciles. En la escuela china, cuando terminás el secundario, los alumnos tienen que rendir un examen importante de escala nacional como paso de ingreso a la universidad. La nota que sacan les permite entrar a la que desean. Pero en Argentina no pasa eso.

– ¿Sentís que la sociedad argentina te trata bien? ¿Qué te parece que debería cambiar?

– Sí, me tratan normalmente. Pero algunos de mis amigos tuvieron experiencias de ser discriminados, me parece que algunas personas tienen que romper los conceptos tradicionales o falsos acerca de los chinos. 

– ¿Te quedás a estudiar acá? ¿Por qué?

– Me quedo a estudiar acá, porque la universidad, como la UBA, es muy buena y reconocida, muchas de mis compañeras también van a estudiar en la UBA. 

– ¿Cómo y dónde imaginás tu futuro?

– Todavía no tengo un plan determinado sobre el futuro. Porque todo puede cambiar. Este año voy a empezar estudiar en la universidad argentina, y esto tomará cinco o seis años. Lo único que deseo ahora es poder aprobar las materias universitarias normalmente.

– ¿Qué pensás de la crisis del virus?

– La crisis causada por la pandemia COVID-19 debería tomarse en serio por todo el mundo. Hay que tomar conciencia acerca de la peligrosidad de este virus. Es una guerra sin pólvora. Hay mucha gente que está sufriendo. Además, afecta mucho a la economía y todavía hay muchos misterios que faltan descubrir sobre este virus. Ya que, aunque China fue el primer país que lo reportó, el lugar de donde provino todavía no se encuentra. Tenemos que enfrentarlo con una actitud científica, sin generar pánico ni propagar enemistad.

En chino, los nombres se ponen por cualidades percibidas o como deseo a futuro. El nombre chino de Lily es Li Qian (李倩). Quiere decir bella, encantadora. Los dibujos y pinturas que ilustran esta nota son obra de ella.

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