Wuhan durante la lucha contra la epidemia

El documental El Bloqueo es analizado por la politóloga argentina Lucía Fernández, quien vivió en China, habla el idioma y tiene a ese país como tema de investigación. Una mirada experta desde Sudamérica destaca aspectos sorprendentes del film oficialista.

El título del film en chino es 武汉战疫纪: Wǔhàn zhàn (batalla, guerra, lucha) yì (epidemia) jì (período). Está dedicado a las y los trabajadores de la salud, como nuestros aplausos, pero realizado por la televisión china internacional (CGTV). Este documental sobre los días de encierro en Wuhan es ampuloso y demoledor. En realidad, quizás lo ampuloso y demoledor sea el acontecimiento del virus expandiéndose en Wuhan, lugar donde en 1911 se inició la caída de la última dinastía oriental, y que también supo ser capital del país asiático por breves períodos. 

Con una narración en off pero contado también por los protagonistas,el documental revela el día a día de la lucha contra el virus.

En un momento un joven les dice a unas médicas que siempre están alegres. Una le responde con cinismo woodyallenesco que no se pueden dar el lujo de deprimirse, hay que estar y salir adelante, si se caen no sirve. 

Una voluntaria de guardia que chequea la situación casa por casa y toma la fiebre se encuentra a gente mayor enferma, con diálisis, problemas respiratorios… Antes de que se vaya le piden si no les puede hacer recetas de remedios que necesitan. El que la acompaña le pregunta “¿qué vas a hacer?”. “Y… voy a ir a buscar los remedios y se los traigo, y barbijos, desinfectantes”.

Una señora a los gritos desde el interior de su casa dice, dos días, cinco días, mi empresa va a quebrar, esto hace mal a la economía, tengo que trabajar. Quién sabe cuándo se detendrá. 

Algunos médicos se enferman. 

El llanto desolador de una madre al enterarse de la muerte de su hijo/a queda grabado. Una doctora cuenta que el hijo creía que ella era parte de la patrulla de cachorros en alusión a la serie de dibujos animados canadiense Paw Patrol

Un científico de 83 años llamado Zhong Nanshan 钟南山, héroe por su actuación durante el virus SARS en 2013, aparece justo después de mostrar lo ocurrido con el dr Li, un médico que anunció la aparición del virus tempranamente y fue obligado a retractarse por las autoridades. La voz en off dice que lo contactaron para entrevistarlo pero ya era tarde. Al respecto, recuerdo versos de Efraín Huerta, poeta mexicano (país impredecible que también tiene a un ex combatiente del SARS en sus líneas altas de gestión de la salud) que dicen: “el que esté libre de influencias, que tire la primera metáfora”. 

El documental narra el desarrollo de los acontecimientos cronológicamente, por lo que en varias oportunidades se suman miles de médicos de distintos lugares a la misión. El gobierno central decide remover a las autoridades locales y mandar más apoyo. El líder Ma Guoqiang 马国强 admite en entrevistas posteriores a su remoción la demora en anunciar el virus. El lugar es ocupado por Wang Zhonglin 王忠林, quien venía de reemplazar a un hombre apartado del cargo en Jinan. Sale un ingeniero, entra un especialista en leyes. 

Tres empresas de correo colaboran con el transporte de productos para los hospitales, un joven en moto cuenta que habla con su familia a diario y que están orgullosos de él. Una voluntaria local dice que su familia no está de acuerdo con que ayude. El temor a enfermarse sigue latente. Otro no quiere hablar porque está apurado. Veo eso y encuentro todos los comportamientos de la gente que me rodea acá, en Argentina.

El documental cierra con un médico de Wuhan que afirma que el virus abrió la caja de Pandora, salieron miedos, prejuicios, malestares preexistentes, ayuda, ganas, fatalidad, de todo. En la caja queda esperanza, dice.

El film triunfa metiéndonos en la cosa como si tuviera tentáculos y, por momentos, vuelve borrosa la línea entre el “recorte” de la realidad y la realidad abrumadora de una cosa pequeñísima habitando de modo insidioso y punzante las vidas, hábitos, estructuras, economía, política, proyecciones futuras y demás de millones de personas.

Existe un subrayado sobre el cuidado de niños y niñas y mayores de la sociedad, no solo para evitar  la enfermedad sino también la locura. Como si en un momento de vulnerabilidad extrema, encarnar el presente supusiera en primer término cuidar de quienes nos trajeron hasta aquí y nos sobrevivirán.

A la manera del rumor que dejan el río o el mar en la mente cuando uno camina cerca un rato, sube la idea de que lo más saludable y práctico para pacientes, personal de salud, transporte, seguridad, voluntarios y demás, fue pensarse colectivos.

Publicado por Lucia Argenchina

Politóloga Uba. Traductora de chino work in progress.

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