Zhong Kui, cazador de demonios 钟馗捉鬼

Víctima de una injusticia, un hombre brillante se decapita, pero el Hijo del Cielo repara la infamia y le otorga la misión de perseguir a los demonios que los humanos llevan dentro. Los órdenes de lo legendario y lo ético se entretejen en el Zhong Kui presentado por Hernán Terrizzano.

Durante la dinastía Tang hubo un hombre muy talentoso y virtuoso. Su nombre era Zhong Kui, 钟馗. Sus conmovedores versos bien pudieron abrirle las puertas para convertirse en funcionario del Imperio, pero había un problema: era muy feo. Tenía cabeza de leopardo, ojos redondos, y una larga y desprolija barba. Cuando se presentó a dar los exámenes obtuvo el primer puesto, pero fue reprobado por el Emperador en persona a causa de su apariencia, y de las intrigas de un envidioso. Furioso por la injusticia, Zhong Kui se cortó a sí mismo la cabeza. El Hijo del Cielo, conmovido y arrepentido, convirtió a Zhong Kui en una divinidad, y le encargó perseguir y decapitar a los demonios que andaban deambulando por toda China.

Así comienza la novela “Zhong Kui, cazador de demonios”, 钟馗捉鬼, escrita durante el siglo XVII, aunque la veneración por esta divinidad taoísta es mucho más antigua. Su figura es pintada frecuentemente en las puertas de las casas, para impedir la entrada de malos espíritus y prevenir calamidades.

Foto: Laura Ortego

En sus aventuras Zhong Kui recorre el país buscando demonios para decapitar. Los demonios representan los vicios humanos: tenemos al demonio tacaño, al demonio embustero, el demonio jugador, el demonio presuntuoso, y una larga lista. Los demonios son a veces víctimas de sus propios vicios y a veces se perjudican y matan entre ellos: el demonio tacaño vive como un miserable a pesar de su fortuna, el demonio embustero estafa al demonio jugador y es a su vez robado por el demonio ladrón. 

Acompañan a nuestro héroe el mariscal Han Yuan y el jefe de la vanguardia Fu Chu, además de un murciélago explorador con la capacidad de presentir a los demonios e ir hacia ellos.

La novela, que recuerda a Gargantúa y Pantagruel o al Quijote, no está exenta de sátira y crítica social, haciendo referencia explícita a la venta de cargos oficiales. Tampoco faltan las historias de amor y la poesía, como esta que el demonio insensato (el amor siempre tiene algo de insensatez) le dedica a una muchacha, apenas vista en la ventana de un edificio elevado.

Una racha de viento limpió de nubes la luna brillante en el cielo.
Desde lo alto de esta piedra miro a lo lejos, entregado a mis sueños.
Espero que Chang’e* tenga compasión de la soledad y el silencio
Y aguarde el momento de deslizarse fuera del frío palacio blanco.

Una versión de la novela en castellano fue publicada en España por La Revista de Occidente con el título de Chung-Kuei, domador de demonios, a comienzos del siglo pasado, y se puede conseguir todavía hoy en librerías de usados y en Internet.

(*) Chang’e es una diosa que vive en la Luna. Ver La Luna de los Dioses.

Publicado por Hernán Terrizzano

Especialista en tecnologías de la información, ornitólogo aficionado, fotógrafo. Apasionado por China y su cultura.

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