La Luna de los Dioses

En el presente de China conviven entremezclados futuros cósmicos y pasados legendarios. Cada tiempo es vívido como un sueño y todos juntos traman una sinfonía hipnótica. En esta nota, los tiempos y sus seres se entremezclan en la Luna.

El arranque del 2019 trajo buenas noticias a los científicos chinos y a los amantes del espacio en todo el mundo. El 3 de enero la sonda Chang’E 4  (嫦娥四号) descendió con éxito en el lado oscuro de la Luna, siendo la primera en la historia en realizar esta proeza. Llevaba en su interior semillas de algodón, moscas de la fruta, levadura y algunos otros seres vivos, además de un vehículo de exploración llamado Yutu (玉兔), en chino “conejo de jade”.

Chang’E se comunica con la estación terrestre de control (ubicada en Bajada del Agrio, Neuquén, Argentina) a través del satélite Queqiao (鹊桥), es decir, “puente de urracas”. Así como las misiones estadounidenses tenían el nombre de Apolo, el dios del Sol (acaso en un rasgo de machismo, ya que Selene podría haber sido un nombre más adecuado tratándose de la Luna), también los nombres elegidos por los chinos provienen de la mitología.

Chang’e y Hou Yi

Había una vez un arquero inmortal llamado Hou Yi (后羿). En ese entonces había diez soles, hijos del Emperador de Jade, que causaban estragos en la Tierra, quemando los cultivos y no dejando dormir a la gente. El Emperador le pidió a Houyi que solucionara el problema y éste, que no tenía más que arco y flecha, no tuvo mejor idea que disparar a nueve de los soles, dejando sólo el que conocemos.

El Emperador, que no había imaginado una solución tan drástica, condenó a Hou Yi y a su esposa, Chang’E, a vivir como mortales en la Tierra. A Hou Yi esta vida no lo convencía y partió en búsqueda de un remedio, hallándolo finalmente en una píldora que le dio la Reina Madre del Oeste. Un día Hou Yi se fue de caza y dejó la píldora en un cajón. Chang’E, buscando quién sabe qué, por casualidad dio con ella y se la comió de un bocado. Pero la píldora era para compartir, por lo que la dosis correcta no era una píldora entera sino media píldora. Tenía un efecto antigravedad, con lo que Chang’E, poco después de tomarla, empezó a flotar en el aire. Y flotando se elevó, hasta que llegó a la Luna. Desde entonces vive allí junto al conejo de jade.

El conejo de jade

Cualquiera con un poco de imaginación habrá notado que los mares de la Luna (llamados mares porque antes se pensaba que contenían agua) forman figuras. Una muy común es la de un conejo, que también tiene su historia, relacionada, otra vez, con el Emperador de Jade.

Resulta que este personaje, usando un viejo truco de los dioses, se disfrazó de anciano famélico y salió a pedir comida a los animales del bosque. El mono le ofreció fruta, la nutria le ofreció pescado, pero sólo el conejo, que no tenía más que pasto, se ofreció a sí mismo y se arrojó de un salto al caldero hirviendo. El emperador, conmovido, le otorgó al conejo el don de la inmortalidad y lo mandó a vivir a la Luna, donde todavía podemos verlo, preparando pociones con su mortero.

La princesa y el pastor

El Emperador de Jade tenía una hija, llamada Zhi Nü (织女). A esta hija de vez en cuando le gustaba bajar a la tierra y darse un baño en las frescas aguas de las lagunas terrestres. Pero un día un pastor llamado Niu Lang (牛郎) robó su túnica mágica, impidiendo que volviera al cielo. Esto mucho no le importó a la princesa, porque se enamoró del pastor y quiso irse a vivir con él. El emperador, en cambio, se enojó bastante.

Un día que la princesa extrañaba, buscó la túnica que su pareja había escondido, y volvió a visitar a su padre. El Emperador no dejó pasar la oportunidad, y para impedir que su hija volviera a la Tierra, hizo brotar en el cielo un Río de Plata, que en occidente conocemos como Vía Láctea, separando a los amantes.

Desde entonces, el séptimo día del séptimo mes lunar, que en China es el día de los enamorados, se juntan millones de urracas para formar un puente a través del Río de Plata, y el pastor y la princesa pueden reunirse, al menos por un rato.  

Wu Gang

Nos referiremos por último a Wu Gang (吴刚), incansable leñador responsable de las fases de la Luna. Según la leyenda, este equivalente oriental de Sísifo vive allí, tratando de podar un árbol que eternamente vuelve a crecer. Este árbol es un olivo fragante de flores blancas, que dan a la Luna su color. A medida que Wu Gang avanza con su hacha, la Luna se oscurece, para resurgir después de la Luna nueva y recomenzar el ciclo que, como la imaginación y los sueños de la humanidad, parece no tener fin.

Publicado por Hernán Terrizzano

Especialista en tecnologías de la información, ornitólogo aficionado, fotógrafo. Apasionado por China y su cultura.

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