Sobre la cuestión china

Lucía Fernández, en este artículo, reflexiona acerca de la emergencia del Corona Virus y cómo desnudó escenarios y comportamientos preexistentes.

Las pompas de jabón que este niño 
se entretiene en soltar de una pajita
son translúcidamente toda una filosofía.
Claras, inútiles y pasajeras como la naturaleza, 
amigas de los ojos como las cosas,
son lo que son
con una precisión redondita y aérea,
y nadie, ni siquiera el niño que las suelta,
pretende que sean más que lo que parecen ser.
Fernando Pessoa

Al día de hoy, más allá del estadío o posicionamiento, quien opina del tema acuerda en que el Covid19 desnudó, evidenció, reveló escenarios, situaciones, comportamientos preexistentes. 

A partir de esta desnudez, recordé el maravilloso cuento de Andersen, “El rey desnudo” o “El traje del emperador”. En este relato hermosísimo, un rey quiere sofisticar aún más su vestimenta, y comerciantes lo engañan diciéndole que le harán el traje más bello. El rey los contrata y los mercaderes avanzan en gestos y ademanes sobreactuados hasta convencerlo de que tiene el mejor traje, dejándolo desnudo. En el cuento, nadie se anima a decirle al rey que está desnudo hasta que un niño aparece entre la multitud gritando lo evidente. 

Unos cien años después de su publicación, el escritor chino Ye Sheng Tao 叶圣陶, escribió la continuación del texto de Andersen. “El nuevo traje del emperador” 皇帝的新衣续 es una chinísima versión que pone en el centro de la escena, claro, al emperador. Resulta aquí que el emperador sabe que está desnudo, y aún así cree que no hay traje mejor que su desnudez. Sabe también que los demás lo advierten y se sienten tentados a gritarlo, como el niño de Andersen, y toma severas medidas al respecto. 

La pandemia desnudó los sistemas de salud. Nos mostró que el consumo online o el trabajo en casa no suplen ni remotamente el físico, que las camaritas no son a las aulas ni la punta del dedo, que nuestros cuerpos están enfermos de azúcar, pastillas, vicios y sedentarismo, que la expectativa social sobre jóvenes y adultos mayores es baja, que la producción industrial de alimentos deteriora la naturaleza, que deteriorar la naturaleza nos jode porque somos la naturaleza… Y que a todo esto, los partidos políticos, gobiernos, organismos supranacionales, emperadores, funcionarios de turno, llegan caricaturizados, tarde o vestidos con el traje del emperador.

De modo lúdico o fundante, nuestro discurso encarna unas veces al niño, otras al emperador, a los comerciantes, al autor chino que continúa la historia y muy avispadamente dice que acá de tonto nadie tiene un pelo… Nos mofamos incluso, de lo peludo y feo del cuerpo desnudo del emperador, o elogiamos cómplices el selecto e imaginario vestido.

A la tira de series, noticias y pelis que devoramos encuarentenados, se suma esta cada vez más invisible oposición entre ficción y realidad que nos obliga a desnudar o rasgar las vestiduras de lo que creíamos abrigadísimo. Qué son entonces, el trabajo, la familia, las amistades, el ocio, de quién y para quién. Qué es el Estado alemán y qué el chino o hasta dónde llegan, qué de nuestra especialísima vida personal o particular difiere en profundidad con la de un chino o una china de Wuhan. Qué pasa con  la nación, el sueño, los individuos, la sociedad, la soberanía, las fronteras y la globalización en ese contexto de escenarios sin telón. 

Un virus respiratorio minúsculo y letal recorre las calles del mundo; si todos se han unido para combatirlo, todavía no se sabe.

Publicado por Lucia Argenchina

Politóloga Uba. Traductora de chino work in progress.

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