Kaixuan Feng: El volumen de las palabras

La artista Kaixuan Feng sintetiza China y Europa en sus creaciones en Francia. Otro artista plástico, el argentino Fernando Fazzolari, rescata esa síntesis desde Buenos Aires, presentándola con un poema tan visceral como la tinta china que Feng desparrama sobre el papel blanco con su larga cabellera.

Después de estudiar bellas artes en Tianjin, Kaixuan Feng se mudó a Francia, donde hoy desarrolla un trabajo basado en la articulación de la performance, el video, la caligrafía, la fotografía y el arte corporal. En Argentina, país en el que nunca falta quien descubra un valor destinado a incidir sobre el mundo (como en el caso de la novela “Cien años de soledad”), está advirtiendo su trascendencia el artista plástico y poeta Fernando Fazzolari.

Fazzolari destaca que en el mundo cargado de enigma sutil y a veces inquietante de
Kaixuan Feng, el encuentro entre la cultura oriental y la cultura occidental tiene como escenario los interrogantes de la artista sobre la sociedad y las relaciones humanas y el lugar y el rol de una mujer extranjera en un país y una cultura diferente. Le resulta fascinante el modo en que la artista compromete su cuerpo y su ser en sus obras. Ella ha dicho: “Soy un pincel, mi cuerpo es un largo bambú. Con flexibilidad, habilidad y un cuerpo liberado, yo trazo una sombra, un pasado”. Para una de sus obras, en cada performance (ambiguo formato artístico que en el diálogo con China, Feng convierte en ceremonia), estrenó un vestido blanco de raso que fue manchado por la tinta negra. Fue dejando que ocurriera un pasaje del blanco al negro, en absoluto silencio, evocando el paso de la vida a la muerte, y luego al renacimiento. “Muero para el nacimiento de mi obra. Ella me hace renacer”.

Fernando Fazzolari (Buenos Aires, 1949) presenta aquí a Kaixuang Feng, (China, 1982), con un crudo texto artaudiano

El volumen de las palabras

Por Fernando Fazzolari

I

El volumen de las palabras a veces tiene un peso particular.
Cuando se hace corpórea puede ser leve o inexcusable.
Puede ser maciza o porosa.
Apremiante o laxa.
Pero el volumen de las palabras también es independiente de su peso específico.
De su masa, de su aceleración y de su impacto.
Las palabras pueden ser alargadas, oblicuas, cimbreantes o esféricas.
Los ojos son depósitos de palabras.
Los oídos.
La memoria.
Los olvidos.
Los humos.
El perfume.
Hay palabras de los días de muertos, las calabras.
También del amor, las amabras,
Las que abrazan abrasan amarran amasan amansan
Mimamamemimamimamameama decía el libro
No me amabraba…
Las voces dan peso y forma a las palabras, la mirada.
El pecho, la mano.
Los ojos.
El momento inoportuno y la saeta del encanto.
Las palabras son algo diferente para todos.
Si no es sí ni no es no ni no sé ni sé si no
Nosesinó, es nocente.
Incrimina crimabras penales.
Las que se imponen en el trabajo, la pala bra.
Rosa rio.
Las que corresponden a la siembra
Las palabras de los suicidas,
La sien, la radio.
Las palabras taxonómicas en las voces del taxónomo de las palabras.
Un GPS de la deriva.
Un ADN combinatorio.
Las palabras incluyen a su antónimo.
Como todo paraíso que contiene en sí el germen de su infierno.
Por eso no sé si es si o es no,
Oezno una negativa joven.
Por eso, eso que dice no es lo que me dijo.
Pero cada palabra tiene el color y el brillo de la boca que la explotó al universo vacío del otro.
Cayó en saco roto. Cayo en seco, murió de palabra.
Un golpe de texto. Coup de texte.
Las palabras pueden no tener volumen y ser sólo ondas.
Paloneas intangibilidades.
Subexistencias episónicas, epifenoménicas
Episódicas netflixicas.
Un cardumen de palabras como las letras chicas de los contratos tramposos.
Nucleares, centrales, como un título abarcativo.
No más liebres. NI vivas ni muertas. No más gato.


II

Sigo en las palabras, sus sombras, su peso, su visibilidad.
Qué onda como si fuera un texto.
Las palabras, esas cosas.
Fonemas.
Grafemas.
Dibujitos.
Kanjis
Y el haiku
Un grafema de instante.
Una foto
Un ideograma
Un poema
旦, “tan”, la mañana, el sol justo arriba del horizonte
El sol abandona el horizonte al amanecer.
En la playa abandona el mar.
En la llanura las flores de lino tienen otro color.
En la montaña hace más alta toda cordillera y la luz demora en encandilar.En el bosque, en la selva, amanecen los pájaros
曛, “Xūn”, anochece, resplandor tenue del sol poniente. Lo oscuro.
Se acerca la noche, el sol se esconde en el horizonte, humos de hierbas fragantes nublan la luz
Y así.
Esto no es una pipa.
Los veintisiete grafemas españoles y el jamón de jabugo.
Los cinco dígrafos castellanos y los cinco dedos de la mano
Trigrafos, tetrágrafos, pentágrafos, las estrellas del demonio y su lengua oscura
En cambio el pantógrafo nos dá otra escala de las cosas.
Un dron tal vez, un alma en elevación?
Las palabras más complejas y los veintisiete trazos de gong.
鑼. “Lo”. Gong. El metal, la seda, la red de seda para cazar pájaros.
Y necesita de veintisiete trazos para escribirse.
El gracejo, el gracejo y el desenfado.
Pelear no es ganar, el que se enoja pierde.
De pronto el parque se hizo añil
Índigo jacarandino,
Glasto, una luz cuya longitud de onda dominante mide entre 420 y 450 nm
Nanómetros, metros enanos muy enanos.
Signos de noviembre en calendas
Y el cuerpo torsiona y grafa.
Angularmente, cenital, radial, cúbito.
Frontis, dorsa.
Es la segunda hora de mi tercer día del día o del cuarto tal vez.
Escorzo de sábanas.
Se inscribe como diario, correspondencia de si para sí
Arte correo, me envío.
Mañana recibo y releo.
Y “Palabra” me dice sigue desde donde has dejado.
Y ya me dejo caer.
Mañana el sol surgirá del lodo líquido que simula plata al amanecer.

III

Palabra W me dice:
Bienvenido de nuevo, sigue desde donde dejaste ayer.
Pienso.
Palabras de gigantes no requieren micrófono.
Son inauditas.
Las voces de los gigantes hablan muy fuerte para escucha de pocos.
Voces de pensamiento silencioso.
Hay voces significativas, eternas.
Algunas voces moribundas presentes en el alma.
Hay grandes letras, Grafos de guerra.
Palabras de exterminio.
De descarte. Cartonero de brazos cansados sobre las varas de su carro.
Está prohibida la tracción animal en la ciudad.
Y no es trabajo, es imagen.
Pero no tiene palabra.
Aporofobia
Es trabajo pescar en tachos de basura.
Ganchocarnadapapelycarton.
Piedra o tijera
Siempre tijera.
El recorte.
Tal vez por eso son necesarias las grandes palabras de los gigantes.
Invisibles.
Uno puede recostarse en ellas.
Construyen espíritus inalterables.
Al uso y al lavado.
Y dan curso a la acción. A mover
A transformar. Restaurando lo digno.
Hay Polifemos, Πολύφημος. Poly-phêmos
Es doloroso enceguecer a un monóculo.
Irremediable, no hay dos.
Sólo uno, no hay díada.
Sólo mónoda.
En castigo por el amor sin perspectiva.
Outis lo cegó y más tarde Virgilio lo compenso con Galatea y sus hijos fundadores.
El ojo patrón del arquero era su único ojo.
आज्ञा चक् , Ajña, la percepción y el comando.
Falló.
Todo amor sin perspectiva.
Falla. No se desea.
Pero sucede.
La mirada se turba, alcoholizada, se enturbia
En vino fuerte sin diluir en sangre del Acis siciliano.
Que fluye en hierro criminal.
Otros manan en cuarzo y maíz.
Nuestro mardulce es todolododiluido.
Todo Modo, tan ASA NISI MASA
Y cruza a oriente en banda.
Hay un martín pescador
Los biguás, desahuciados pelicanos funestos sobre las estacas muertas de los muelles.
Liban bagres en vuelos rasantes.
“Xūn”, humos de hierbas fragantes, hojas secas,
Almas de hojas bañadas de luna y una gallareta que brama.


IV

Vengo hablando del peso de las palabras, de sus sombras, de su gravedad.
Vengo hablando de la tracción a sangre de los cartoneros
De brazos abandonados sobre las varas de los carros de la cosecha de cartón y papel.
Vengo hablando también de la mierda del poder de las palabras
En los medios sutiles y oprobiosos
Las voces miserables en la construcción de la verdad de unos pocos en bocas de muchos.
Vengo hablando de la crueldad de un sistema que necesariamente tiene que morir
En manos de sí mismo
Porque no dejará nada para la sobrevida.
Ni pasto ni carne ni alma.
Ni hombre ni mujer ni niños.
Ni autopercepciones percepciones diversas.
No hay alma en la bóveda siniestra del sistema financiero.
No hay derechos en la historia del pensamiento colonial.
No hubo en Potosí, no hubo en África, no hubo en el caucho
No lo hubo en el cacao
No lo hubo en la yerba mate ni en el tabaco ni en la caña de azúcar.
Ni en ninguna mísera parte
Solo muerte, sometimiento, injuria.
Y yo me resisto a que sigan intentando cerrar mis ojos para siempre.
Lo pinte hace mucho tiempo atrás.
El fundamentalismo idiota del capital concentrado
Merecen el incendio de todos los bancos
Merecen que les sojeen la vida
Que los glifosfaten
Necios, se están matando a sí mismos.
Y nos llevan puestos en el carro de su muerte
Y de pronto sólo me queda como recurso entregar las vidas de los míos y luego la mía propia.
Un seppuko comunitario.
Un gran clan Mason entregando todas las vísceras en las puertas de los bancos.
Ahí tienen.
Eso quieren, ahí lo tienen.
Los que pensamos que otro mundo es posible sobramos de este
Y te lo hacen saber con la sombra de las palabras
Las palabras sombra
Las palabras de Jano
Que hablan de libertad y de horca
De democracia y golpe
De justicia y muerte por mano propia
De verdad y de estafa
De interés y aberración
Jano la puerta que no tiene bisagra
La sombra de la filosofía
Las sombras de la cultura
El malestar
Las sobras de las sombras
Y nada, matemos.
Matemos toda ilusión.
Matemos toda voluntad de bienestar común.
Matemos la utopía.
Matemos el deseo.
Cuando todas las palabras estén planas.
Será la hoja tan plana como la del mármol de la lápida de los pueblos.

V

La palabra igual brota
Hace raíz, tal vez una redentora madreselva lo ahogue en el lecho de su propio oro
En su propia violencia.
Así como la madreselva, habrá que sobrevivir. Con destino.
De lo contrario motosierra o guadaña.
Qué pena tan grande. Que impotencia.
Intelectual y fáctica.

VI

Rogare a la madreselva o a la más descarnada soledad.
Lanzar una flecha.
Lanzar una flecha es ser flecha.
La tinta es mi sangre.
La caligrafía mi signo.
El signo soy yo.
La palabra soy yo
Y nadie en mi vida me ha dado un poema más generoso
Que un ideograma.
Más breve que un haiku.
Más intenso que un punto en la nieve.
Con más humo condensado
Que todos los bueyes asados del sacrificio
Esas letras, esos signos, que son signos del cuerpo.
Cuerpos perdidos en sus signos, en su historia,
Cuerpos que se desangran en tinta.
Cuerpos que bailan la escritura.
Cuerpos y más cuerpos en los tributos de los signos a los deseos.
Y los cuerpos perdidos ese abanican en filtros de café.
Y la “maitrêsse” del té nos ilumina siempre, en cada acto.

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