Reventar

La pandemia de COVID19 impone un tiempo suspendido. Habilita meditaciones que a veces sueltan claves. Politóloga, poeta, profesora, Lucía Fernández ha penetrado durante años la realidad china (viviendo allá). Entre signos chinos y un mapa desde el Sur, se le presentan, reclamando sentido, los conceptos de Felicidad, Advenimiento y Revolución.

Por Lucía Fernández

Amo leer de panza con los pies cruzados rumbo al cielo, cuando vi peques chineses de tres y cuatro años en esa posición entrañable en que Felipe de Mafalda procrastina, me emocioné. Empecé a hacer la vertical en lugares que sentía importantes, incluso una vez en un museo de porcelana se me escapó el zapato y casi rompo una memoria cóncava ¿de la dinastía Song? Pero no. 

Llegada a China, inmersa en la otredad, una voz interior me sugirió despedirme de Platón, Aristóteles, Pitágoras y Descartes. Hume se vuelve loco. Lo que hago nombrándolos es replicar la torpeza de abusar del nombre de Confucio en vez de hilar sus enseñanzas como los videítos del monjecito Yichan. ¿Por qué despedirme de ellos? Porque en China las escaleras son construidas para ranas o jirafas (jamás teniendo en cuenta teoremas sobre triángulos rectángulos), enruladas, ¡y para bicicletas! Los puntos cardinales se nombran desde el este, es decir, este sur oeste norte (东南西北) e indican direcciones precisas: puerta norte, entrada oeste, y así. Lo aprendí caminando y perdiéndome por las ciudades, claro, mientras buscaba caprichosamente el norte sur este oeste que nos indica. De la idea, la forma, la razón, el pensamiento, el alma, en China, como lo traías aprendido de Occidente, olvidáte.

Pasado un tiempo de vida profunda allí, se produjo un emparentamiento sublime que intentaré explicar con dos imágenes. Además del emparentamiento, lo confuciano volvió más atendibles las jerarquías, la practicidad sobre la oratoria, el común sobre el particular, y más.

Un día, parada frente a la puerta de una casa, advertí un caracter patas para arriba y me fue narrada una historia que después leí en libros. La palabra fortuna o bienestar se escribe Fu 福, la palabra venir o arribar se dice dao 到, y suena igual a dao 倒, que significa patas para arriba. Bajo esta encantadora sutileza, se creó la idea de poner el cartel de Fu 福 patas para arriba significando un llamado al bienestar (fudao 福倒, la suerte patas para arriba, o la suerte viniendo).

Quiticientos años después, en un cuadradito recóndito de la Universidad de Buenos Aires, vi un stencil del cuadro que el uruguayo Torres García había hecho unos sesenta años atrás. Entendí ese mapa a partir del relato del llamado al bienestar, o fudao 福倒; y, en cierto modo, noté que hablaban de lo mismo, a destiempo. Imaginé incluso el mapa al revés pegado en la puerta de cada casa latina, un llamado al bienestar, y pensé que algo de la sustancial diferencia con oriente a la hora de mirar el progreso, es el escepticismo. 

Estudios de la Universidad de Pensilvania dicen que ocho de cada diez latinos/as conoce más nombres de ex presidentes estadounidenses que de presidentes latinos. Me lo inventé, pero seguro pasa así… El excesivo énfasis en temas y rótulos dispersos, nos convierte en estrambóticos sabedores de pitutos, pero de traer bienestar ni noticias.

Para terminar, lo patas para arriba en el cartel de una y todas las puertas chinas, auguraba mejor presente, el mapa invertido de Torres García, una Latinoamérica robusta, primera o primaria. Más allá de todos los pim pum pam que se intenten reproducir hasta el hartazgo; se ama, se llora, se crece, se muere, se entra y se sale a ambos lados del mapa, del mismo exacto modo… Creyendo en algo.

Felicidad + llega + patas arriba

Por Gustavo Ng

Hay infinitas formas de combinar esos tres términos en un significado. 

Esta explicación prístina de Lucía Fernández induce a sospechar que este tiempo de la pandemia COVID19 opera como la gota que produce un vuelco en ese gracioso juguete de los jardines orientales, lo que para nosotros es simplemente la gota que rebalsa el vaso. 

Es el agua que llega de China y pone patas arriba el estado capitalista. 

¿Pone patas arriba la felicidad, o produce la felicidad poniendo patas arriba la realidad capitalista? 

Para no quedar atrapados por la simplificación, basta asomarse al hecho de que la idea de felicidad puede tener sus bemoles. 

¿Cómo negar que Felicidad es el titánico logro de China de terminar con la pobreza extrema y tener 800 millones menos de pobres? Sin embargo, a un futbolista multimillonario europeo, la reducción de la pobreza no le dará ninguna felicidad si ello significa que no puede alquilar tres vientres para tratar de producir un doble de él que lo perpetúe. No será felicidad no poder marchar por los derechos de las mujeres, ni ser censurado, ni tener que someterse sin chistar a cualquier jefecito. 

Por otro lado, lo que llega ¿es la Felicidad china, o es nuestra Felicidad de siempre, o una nueva Felicidad?

Los términos “Felicidad”, “llega” y “patas arriba” emergen en una trama en que la realidad china y la realidad occidental se entretejen de, quizás del modo más intenso que registre la Historia.

En ese juego, que se desarrolla en el escenario de la pandemia mundial, hay infinitas formas de combinarlos en un significado. La decisión está en las manos de las sociedades humanas. 

Publicado por Lucia Argenchina

Politóloga Uba. Traductora de chino work in progress.

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