Una dosis de dictadura, una dosis de democracia

Las palabras que suelen elegirse para calificar un sistema de gobierno pueden estar cargadas de prejuicios y desembocar en irremediables errores, según la esclarecedora “teoría de las dosis” que propone Gustavo Ng en su mirada sobre China y Argentina. De Mao a Eva Perón, el autor plantea que la verdadera lucha es entre explotados y explotadores. ¿Un país que en 34 años sacó de la pobreza a 800 millones de personas representa acaso a una dictadura, tal como se la concibe en la Argentina? La única verdad es la realidad.

Por Gustavo NG

El axioma de la pureza entorpece el pensamiento y enchastra la ética. Induce a pensar que hay cosas puras y por tanto, que hay cosas puras y cosas contaminadas. Lo puro es lo distinto — se pasa tan fácilmente de lo distinto a lo distinguido— y para que haya algo puro debe reinar la lógica más primitiva, la que establece que algo no es otra cosa.

Es posible dar un pasito más allá y aceptar el postulado de las dosis: aceptar que hay cosas puras, pero que en la realidad existen en dosis.

Desde la teoría de las dosis intentaré armar un cuadro que tal vez sirva para enlazar las políticas de China con la del actual gobierno argentino.

► Desde la fundación de la República Popular, China no ha renegado de considerarse una “dictadura”.

Tanto como resulta desconcertante que articule esa categoría con “democracia”.

¿Una dosis de dictadura, una dosis de democracia?

El texto de los Estatutos del Partido Comunista de China adoptados por su XIX Congreso Nacional de hace menos de tres años (24 de octubre de 2017), deja claro que “persistir en el camino socialista, en la dictadura democrática popular, en la dirección del Partido Comunista de China y en el marxismo-leninismo y el pensamiento de Mao Zedong como cuatro principios fundamentales constituye la base de la existencia misma de nuestro Estado. A lo largo de todo el proceso de la modernización socialista hemos de mantenernos en estos principios y oponernos a la liberalización burguesa”.

Para que no queden dudas sobre qué quiso decir el Congreso con “democracia”, otro párrafo indica que el Partido Comunista de China sostiene “la gobernación del país con arreglo a la ley”, “implanta el sistema del imperio de la ley de este tipo de socialismo, construye un Estado de derecho socialista” y “completa el sistema jurídico del socialismo con peculiaridades chinas e intensifica la labor de la aplicación de las leyes para plasmar el imperio de la ley en la realización de los diversos trabajos del Estado.”

Por otra parte, “mantiene y mejora el sistema de asambleas populares”, “el de autonomía étnica territorial y el de autogobierno de las masas en los niveles de base”; “fomenta una democracia popular más amplia, más plena y más completa, imprime un desarrollo amplio, en múltiples niveles e institucionalizado a la democracia consultiva, y asegura de forma efectiva al pueblo el derecho a administrar tanto los asuntos estatales y sociales como las actividades económicas y culturales”.

Asimismo, “abre amplios canales de opinión e implanta y perfecciona los sistemas y procedimientos de elección, toma de decisiones, administración y supervisión democráticas”.

Repasar semejante declamatoria prodemocrática hace difícil comprender por qué China persiste con el término “dictadura”.

Con la enorme interdependencia que tiene con el capitalismo global, China sigue siendo un país comunista, fundamentado ideológicamente en el marxismo adaptado por Mao Zedong.

Recordemos cómo Mao plantó el tema en su documento “Sobre la Dictadura Democrática Popular”, al conmemorar el 28º aniversario del Partido Comunista de China, presente en el Tomo IV de sus “Obras Escogidas”.

“Toda la experiencia acumulada por el pueblo chino durante varios decenios – escribe Mao Zedong – nos enseña a ejercer la dictadura democrática popular, lo que significa privar a los reaccionarios del derecho a la palabra y dar ese derecho sólo al pueblo.”

Por “pueblo” entiende “la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía urbana y la burguesía nacional”. Asimismo, explica que “dirigidas por la clase obrera y el Partido Comunista, estas clases se unen, forman su propio Estado, eligen su propio gobierno y ejercen la dictadura sobre los lacayos del imperialismo, es decir, sobre la clase terrateniente y la clase capitalista burocrática”.

En el mismo documento, Mao también advierte que “los reaccionarios extranjeros que nos acusan de ejercer la ‘dictadura’ o el ‘totalitarismo’ son precisamente quienes los ejercen. Ejercen la dictadura o el totalitarismo de una sola clase, la burguesía, sobre el proletariado y el resto del pueblo”. Y del mismo modo en que el actual presidente Xi Jinping se remite a Mao, Mao cita a Sun Yatsen, de quien dice que “se refería precisamente a estos individuos al hablar de la burguesía de los Estados modernos, que oprime a la gente sencilla.”

► El hecho de que China se asuma como “dictadura” desde el fundamento del poder gubernamental, el Partido Comunista, es insoportable para quienes sienten afinidad con China, pero aborrecen las dictaduras.

Incluso si China tuviera una mínima dosis de “dictadura”.

Algo doloroso especialmente para los argentinos, a quienes el término “dictadura” nos remite a los gobiernos militares, especialmente al último, ensañadamente asesino.

Cualquier cosa que pueda ser nombrada como “dictadura” nos enardece.

No a todos, claro. Pero podemos decir que somos muchos quienes tenemos una dosis de antidictadura en nuestra moral cívica.

► Un pensamiento con una dosis de pragmatismo propondría que siendo “dictaduras”, la de China y las de los militares argentinos, en la realidad son diametralmente opuestas.

La “dictadura” china ha sido ejercida contra los sectores que hasta 1949 explotaban al pueblo, mientras los militares argentinos una y otra vez tomaron el poder durante el siglo XX por mandato de los explotadores.

Podría decirse que la de China es una dictadura del proletariado (o de la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía urbana y la burguesía nacional), mientras que las de Argentina, como las de América Latina, son dictaduras de los sectores capitalistas hegemónicos.

► Con una dosis de honestidad se comprobará que la “dictadura” de China consiguió que las vastas mayorías vivan mejor.

Néstor Restivo indica que “el director Nacional del Banco Mundial para China, Mongolia y Corea, Bert Hofman, reportó que entre 1981-2015, China logró ‘la tasa más rápida de reducción de la pobreza jamás registrada en la historia de la humanidad’”, sacando de la pobreza a más de 800 millones de personas.

Si no hubiera habido revolución, la proporción de chinos pobres y miserables sería la misma que hoy tiene India.

► Resulta previsible que la fustigación contra la “dictadura” de China fuera alentada desde los sectores perjudicados, o sea los explotadores y sus sirvientes.

► Salto a la Argentina: Eva Perón tenía una alta dosis de certeza de que no se lograría el bienestar de los explotados mientras la oligarquía siguiera decidiendo sobre toda la sociedad.

► La defensa de los intereses de la clase explotadora observa una dosis de enmascaramiento de defensa del bien común, la democracia, la ley, el orden institucional y la paz social.

Mientras, acusa a los dirigentes de la “dictadura” de China de ser corruptos y responsables de haber creado otra clase explotadora, en reemplazo de la que derrocaron.

Aún sin revisar la eventual corrupción del esquema dirigencial, los logros de China en beneficio del pueblo son muy difíciles de discutir.

Por lo demás una dosis de corrupción parece estar presente en todo esquema de poder político, dosis que se agiganta en los gobiernos del capitalismo.

► Podría ser que algunos progresistas que se alzan contra China como paladines de la defensa de la democracia, el respeto por los derechos y libertades individuales, quizás lo hagan obedeciendo a una dosis de identificación con los sectores explotadores.

Progresistas de China, Estados Unidos, Argentina y otros países.

► En su hasta ahora breve gestión, el presidente argentino Alberto Fernández evidencia una alta dosis de democratismo. Es tolerante y se muestra abierto a todos quienes manifiesten querer el bien del país, no importa el partido político o sector social al que pertenezcan. Ha dicho que su presidencia no está sometida a “la grieta”, sino que gobierna para todos.

Muchos observan con atención cuál será su estrategia para armonizar posiciones entre bandos muy enconados entre sí, más si se considera que los que están de un lado de la grieta son los explotadores y del otro, los explotados.

En la doctrina peronista hay una alta dosis de convicción de que gobernar es conciliar los diversos intereses sectoriales, incluso los contrapuestos entre sí.

La dosis de peronismo en Alberto Fernández es muy alta y esta convicción explica su confianza en superar la grieta.

► Sin embargo, hay quienes tienen una dosis de escepticismo respecto del futuro, considerando que los sectores explotadores y sus sirvientes no accederán a ceder ni una partícula de sus privilegios en pos de una conciliación social.

► También hay quienes se preguntan qué dosis de democracia hay si se considera a todos iguales, siendo que unos tienen más poder que otros.

¿No habría una dosis mayor de democracia si se equiparara el poder de los diferentes sectores de la sociedad y de todas las personas?

Es decir, haciendo un balance desde mediados del siglo pasado y atendiendo al bienestar de las vastas mayorías, ¿no hubo una dosis mayor de “democracia” en la “dictadura” de China que en las “democracias” de Occidente, incluida las de Argentina?

Publicado por Fernando Capotondo

Periodista, con experiencia en diarios y medios gráficos de alcance nacional (Tiempo Argentino, Crónica, Así, Perfil, Crítica de la Argentina y Contraeditorial, entre otros). Director de Llibres, sitio web de divulgación de cultura asiática.

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