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Así en Marte como en París

La socióloga y doctora en Antropología Luciana Denardi y el historiador y periodista Néstor Restivo vieron muchas series en cuarentena (también leyeron algún que otro libro). Entre ellas, dos que estereotipan de lo lindo a la mujer china. En «Away» y «Emily in Paris» observaron algunas pistas de las miradas occidentales sobre la cultura china.

Luciana Denardi y Néstor Restivo

Wang Lu es una mujer china casada, madre de un niño de unos siete años. Estudió química y es la elegida por la República Popular para ser la primera mujer de su país que pisará  Marte en la serie “Away”.

Mindy Chen es una joven china soltera que fue a estudiar a una universidad francesa con el objetivo de ser la sucesora del imperio de la familia. Se convierte en la mejor amiga de la protagonista en la serie “Emily in Paris”.

Dos personajes secundarios pero centrales retratan a sendos estereotipos de las mujeres chinas en series de este caótico 2020, donde el encierro obligado aumentó el consumo de contenidos audiovisuales. Más allá de la crítica puramente artística de estos dos productos, ambos accesibles en la plataforma Netflix, varias cuestiones pueden desprenderse de estas representaciones.

En primer lugar, la presencia de estas mujeres en la pantalla no hace más que constatar la preminencia mundial de China. Sería impensable que, al momento de proyectar el primer viaje a Marte, el aporte de China a nivel económico y tecnológico no se vea representado en que uno de los cinco astronautas elegidos para la epopeya sea de nacionalidad china. Por otro lado, el paisaje de París ya no puede pensarse sin migrantes y turistas chinos, como retrata la serie estadounidense.

En segundo lugar, conviene compartir una reflexión sobre las representaciones de las mujeres chinas que se proponen, ya que más allá de que sabemos que en los productos televisivos los personajes tienden a presentar características estereotipadas, se genera una esencialización de una cultura y de la mujer china.

La astronauta china, protagonizada por Vivian Wu, es la mujer obediente, aplicada, estudiosa, objetiva y prodigio en ajedrez. Se toma seriamente su misión, permanece callada y confía en poca gente. En los primeros capítulos de la serie “Away”, se la presenta como la cómplice del astronauta ruso en su intento de sacar del mando a la jefa estadounidense de la misión Emma Green (sí…, la jefa es de EE.UU.), protagonizada por Hilary Swank. Toda una obviedad del guión que los personajes de los países comunistas y ex comunistas sean quienes quieren socavar el mando del personaje norteamericano, quien recibe el apoyo de los otros dos astronautas, un ganhés adoptado de niño por británicos, y un indio. Cualquier parecido con la tendencia actual de la disputa global, pura coincidencia.

Al ser solo dos mujeres las protagonistas de la historia, el personaje Wang Lu se muestra siempre como antítesis al personaje de la comandante Emma. Mientras esta última sufre durante la primera fase de la misión de 7 meses de duración por la distancia con su familia, la actriz Wu le da vida a una mujer china fría, determinante, que al momento de entrar a la nave espacial decidió que su hijo era el hijo de su esposo, en una suerte de abandono del rol materno por una misión que la lleva a representar un logro de la humanidad sin precedentes. Si bien con el correr de los capítulos Wang Lu inevitablemente va entrando en confianza y bajando las defensas para con sus compañeros, la relación cambia drásticamente cuando se descubre su relación homosexual con una joven china que es parte de la misión en el comando de control de la Tierra, que obviamente está en la NASA. Los superiores chinos descubren ese vínculo y desplazan a la joven de escena. La astronauta, que en medio del espacio sideral no puede hacer nada al respecto, entiende que de hacerse pública esa información deshonraría a su familia y su nación. En ese momento, la relación con el astronauta ruso (el entrañable Misha, interpretado por el actor Mark Ivanir) se enrarece un poco, mientras que se afianza la que sostiene con el resto de la tripulación y hasta logra más empatía con la comandante, muchas veces dubitativa pese a su rol en un contrapunto con la firmeza de Wang Lu.

Esta cuestión de tirantez entre la astronauta china y sus superiores en la base volverá a surgir al momento del amartizaje: la jefa (otra mujer china de duros rasgos, levemente más suave que una villana clásica de Hollywood) le recuerda que la orden es tener una fotografía en la que el reflejo del casco no deje ver su rostro, sino el de la bandera china. Una hermosa tela roja sobre suelo rojo. Sería una gran propaganda comunista, es el mensaje. Una vez más, la nación y la comunidad están por encima de la individualidad. La comandante estadounidense le habla del orgullo que sentirá Wu por ser la primera mujer en pisar Marte (lo individual) y Wu le responde algo resignada que quien pisará la tierra roja por primera vez no será ella, sino toda su Patria (lo colectivo). Arengada por sus compañeros, Wang se atreve a negociar con sus altos mandos: sólo les enviaría esa foto si la joven que ella ama vuelve a la misión. La respuesta es ambigua (lo que en chino en general es un no, como ella misma entiende), para seguir llenando casilleros en el bingo de la esencialización. La primera foto que envía de Marte, finalmente, es la de los 5 tripulantes, lo que evitara identificarlos, y ninguna bandera. Una gran cooperación de toda la humanidad (bueno, de los países “grandes”). La cara de rabia de la jefa china en la NASA dirá el resto.

La serie “Emily in Paris”, más liviana desde el ángulo en que se la mire, también estereotipa a la mujer china – y a los franceses y a los estadounidenses, etc., pero esa es otra cuestión. Sin embargo, la mujer que representa Ashley Park es el estereotipo de la mujer china producto de los procesos socioeconómicos de los últimos años. Extrañamente no guarda ningún rasgo característico chino, salvo su rostro, sus rasgos fenotípicos. Allí donde la astronauta Wang Lu sabe, por ejemplo, caligrafía china, también con mucha maestría, Mindy pareciera occidentalizada cien por ciento, como si en vez de una recién llegada a Francia fuera hija de inmigrantes chinos y criada y educada ella misma muchos años en París.

Mindy fue a hacer un posgrado universitario de negocios pero para financiar sus estudios de canto (sueña con ser una estrella) trabaja como niñera de una acaudalada familia parisina que privilegia el aprendizaje de mandarín de sus hijos. Se presenta atrevida en su vestimenta -faldas cortas, remeras ceñidas al cuerpo, colores vibrantes-, con un espíritu jovial y despreocupado. Es la encargada de traducir algunas costumbres supuestamente parisinas a Emily, recién llegada desde Chicago. Con el correr de los capítulos, Mindy revela como un dato poco relevante que su padre la extorsiona para que vuelva a China con autos de alta gama. Sabe que, de volver a su país, le espera el cumplimiento del mandato familiar: casarse con alguien que los padres elijan y trabajar en la empresa del clan. Ella se resiste a perder la libertad que encontró en París a cambio de una vida de lujos, aunque lejos está el personaje de vivir esa situación como una tensión. Hasta que recibe un mensaje de sus amigas, también hijas de acaudalados fabricantes chinos que viajarán a París a pasar unos días de gastos excéntricos con motivo de la despedida de soltera de una de ellas. Esto pone a Mindy en jaque: deberá crear un andamiaje que le permita sostener la mentira de que sigue sus estudios universitarios y que no delate su trabajo como niñera. Las amigas llegan desde Shanghai, se las muestra en grupos, siempre sobresaltadas, con ropas ajustadas y brillosas, muy maquilladas, comprando champagne del más caro que no beberán, es decir, para desperdiciarlo.

Desde ya hay diferencias entre la astronauta y la niñera. Una juega un rol público, es el Estado chino y el Partido el que la ponen en esa misión. La otra es una vida enteramente privada. Wang Lu tiene un mandato patriótico y comunista. Mindy, un mandato familiar.

¿Qué comparten estos dos personajes? ¿Cuáles son los mensajes de fondo de estas dos series? Por un lado, rebelarse a esos mandatos. Por otro, que es el contacto con Occidente, esa mitad del mundo que alguna vez se autoproclamaba “mundo libre”, lo que genera la liberación y la celebración del libre albedrío y el individualismo (París es una fiesta, EE.UU. es la famosa estatua, además regalada por los franceses) frente a culturas de origen que supuestamente las oprime en sus libertades: libera a Mindy de un futuro con un trabajo y un marido que no son elegidos por ella, y libera a Lu de una sumisión a las tradiciones y autoridades chinas que no le permiten vivir su amor como quisiera. Al mismo tiempo, como se plantea al inicio, marca la inevitabilidad de incluir a China en todo tipo de historias actuales, más aun en casos como el aeroespacial, cuando una sonda… china, Tianwen-1, llegará a Marte a inicios de 2021.

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